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martes, 10 de mayo de 2016

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos?

“¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos?” mi respuesta es siempre “por supuesto que no, fue algo totalmente inesperado y maravilloso”. Y es mentira, siempre supe que me iba a suceder, de alguna manera la vida me daba indicios.
Escribo esto a modo de diario porque tengo la sensación de que genera más impacto, de que le otorga a la historia mucho más realismo aunque omití el detalle de las fechas y algunos sucesos demasiado secundarios. Temía que desviaran la atención hacia la historia principal, aunque eso, es prácticamente imposible.
Mi intención no es escribir una gran novela ni un best seller, sino plasmar la unión de dos caminos que aparentaban tan distanciados como lo estamos de volver a ser Adán y Eva. Estoy cumpliendo con un pedido demasiado romántico como para negarme.
Pónganse cómodos, siéntense, recuéstense, colóquense en la posición que más les guste, porque lo que van a comenzar a leer los mantendrá alertas, emocionados, atrapados y, sobretodo, sorprendidos.


Julio, 2008
Día 1
Hoy me levanté con malhumor. Y cómo no estar amargada, hace semanas que intento localizar a Valentino y no hay caso, ¡desapareció! Lo peor de todo es que al final ayer me dieron los resultados de los análisis y dio negativo y hoy a la mañana mi cuerpo me dio otro negativo asi que…se escapó por algo que no existía…todavía no puedo creerlo y lo busco por todos lados para decirle a la cara lo mucho que lo odio, lo infantil que me parece y desearle el peor mal de los males seguido de un cachetazo; pero no va a pasar, su padre multimillonario y con una personalidad muy parecida a la de él (por no decir igual) le habrá comprado una isla en Europa y ahora lo abanican mujeres sexys. Pobre de él, tiene una vida muy sacrificada.
Aparte hoy empieza la temporada de vacaciones de invierno y, seguramente, Olga va a querer que me quede unas horas más porque soy la más eficiente…no soy la mas eficiente, soy la más joven.
En fin, esto de escribir me ayuda mucho, el Señor Grillas me lo recomendó en la terapia y funciona, ya que después de soltar el papel me siento con menos carga sobre mi espalda de 18 años. ¡Gracias doctor! Ahora me voy a trabajar y cuando vuelva seguiré escribiendo con mal humor, nada bueno puede pasarme… o quizás sí, no voy a volver a escribir mi sueño desde que soy una nena, pero voy a volver a afirmar que sí, que me puede pasar.
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OK, estoy muy exaltada, estoy tensa, feliz, no dejo de sonreír y mirar a todos como si alguien me hubiera regalado una vida perfecta embotellada lista para usarse.
Me quedé DOS horas fuera de mi horario, el hotel era un caos y la gente no dejaba de acercarse al mostrador para pedir las llaves de su habitación, para quejarse del color de la sábana, para felicitarme por el trabajo o para preguntarme si las paredes eran a prueba de ruidos.
Siempre con cara de póker respondía a los clientes con lo que solicitaban o simplemente agradecía, hasta que llegó al frente un muchacho que yo venía observando desde hacía rato, se movía ansioso en su lugar en la fila con el rostro tapado, ya que llevaba una boina demasiado grande para él color verde oliva.
“Hola, habitación 08… por favor” dijo con voz extraña; como yo seguía sin saber quién me hablaba (y por cuestiones de seguridad y curiosidad) le expliqué que por políticas del hotel yo debía ver el rostro y el pasaporte. Pareció incomodarlo e impacientarlo porque me extendió abruptamente el visado al tiempo que levantaba un poco la cabeza…No podía creerlo, era él, lo tenía adelante bufando porque seguramente lo que menos quería era ser descubierto y yo estaba interfiriendo en su plan. No pude evitar sonreír y mirarlo mientras le extendía la llave de la habitación 08.
Eso es todo por hoy, está en el hotel, y si fuera por mí trabajaría las 24 horas. Me taladra la cabeza miles de preguntas, para qué vino, cuánto se queda, ¿volveré a verlo? Es la segunda vez que estoy cerca de él, me considero muy afortunada.

La memoria y el olvido

El ser humano está plagado de fenómenos abstractos por su condición espiritual, y uno de ellos es la memoria. La ciencia la define como una función del cerebro de la que se encarga el hipocampo y que permite evocar información del pasado.
Si nos proponemos detallar aún más qué es lo que podríamos encontrar si fuera una especie de caja y la abriésemos, encontraríamos olores, sabores, imágenes, sonidos y por qué no: sensaciones ante algún estímulo, emociones y sentimientos. La memoria abarca a todo el ser humano, es su identidad.
Cuando nos presentamos ante alguien la ejercitamos sin percatarnos de ello: nos acordamos de nuestro nombre, de nuestra edad, profesión, estudios, y cualquier dato del que dependa la conversación; es decir, si nos encontramos conociendo alguna amistad de un integrante de nuestra familia tomamos de la memoria el vínculo que nos une; constantemente utilizamos la información de este centinela del cerebro, como diría William Shakespare.
Es un proceso estudiado a lo largo de los años y que, sin embargo, aún hoy es imposible explicar cómo se organiza “sola” la información que allí se alberga. Siempre estuvo allí, es natural del hombre y, sin embargo, no podemos definirla en su totalidad.
Hay quienes dicen que poseen lo que se llama “memoria selectiva” y que, a mi entender, no es más que desechar aquellas situaciones no gratas, no satisfactorias o que generan un malestar. Esto es imposible; la memoria está ligada íntimamente con nuestros sentimientos y nuestras emociones pero es arbitraria y se limita a cumplir con su misión: llenarse de toda la información que provenga del exterior o del interior de la persona (como ser reflexiones). Quitar de la memoria algún hecho o una imagen de un objeto es un trabajo arduo para nuestro cerebro y el ser humano por sí solo no es capaz de lograrlo.
Es delicioso y satisfactorio cuando recordamos rápidamente un objeto o una situación, sea porque es una imagen (sonora, visual o sensorial entre otras) reciente y la memoria la alberga en la “capa” más cercana al consciente o, por el contrario, está alojada en una de las capas más lejanas pero que guarda una significación importante para nosotros. Un ejemplo de esto último podría ser que nos acordamos de la música que sonaba en la fiesta cuando nuestra pareja nos propuso bailar.
Sobre el tema de las “capas” de la memoria voy a detenerme lo suficiente como para que se comprenda del todo mi imagen de lo que es la memoria.
En un extremo de nuestro cerebro se encuentra la conciencia y en el otro nuestro inconsciente. La memoria sería como una esponja que roza estos dos extremos sin tocarlos y que percibe en sus lados laterales las emociones o las sensaciones que se unen a un hecho o un objeto determinado. Sucede que cuando la información ingresa a esta esponja puede tener dos destinos: o bien se queda cerca del consciente por ser necesaria en lo cotidiano, o va atravesando las capas hasta llegar a la más próxima al inconsciente –que es la que más se resiste a “prestarnos” datos de manera inmediata-. Pero, como toda esponja, también ocurre que algunas imágenes les ceden su lugar a otras y allí es cuando decimos que ocurre el olvido.
Desde San Agustín, que en sus Confesiones da su punto de vista de la memoria y el olvido, nos encontramos con una dificultad básica: si el olvido es la carencia de memoria, ¿cómo sabemos qué es olvido? No puede ser que lo adquiramos experimentándolo, porque si esto fuese así, lógicamente lo “olvidaríamos”. Resulta que es innato en el ser humano, como la memoria, y aún es un hecho inexplicable cómo tenemos conocimiento acerca de lo que es.
De igual manera no existe un olvido total de las cosas, solamente se alojan en la capa más cercana al inconsciente y, sólo accediendo a él, podemos rescatar la información que ni siquiera sabíamos que continuábamos albergando. En muchas ocasiones intentamos recordar y no lo logramos hasta que pasa un tiempo, y esto se debe a que la memoria almacena de manera organizada las imágenes que a ella llegan: por un lado están los olores, los relacionados a experiencias agradables y a experiencias desagradables; las imágenes visuales, igualmente divididas; y así sucesivamente. De esta manera, el ser humano envía aquella información que le genera malestar hacia las capas más cercanas al inconsciente para no tenerlas presentes cotidianamente; aunque, también sucede que la memoria “decide” ella misma qué datos quedan en qué extremo de ella.
En resumen, la memoria es una facultad del ser humano de inmensa utilidad y complejidad, gracias a ella podemos entablar conversaciones, establecer relaciones y desarrollarnos como persona, entre otras cosas; y, el olvido, inmensamente relacionado con la memoria, significa la ausencia de ésta, a veces por un tiempo prolongado y otras con duración más breve.